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Filosofía marismeña

Generar miedo al niño

Ramón Larrañaga Torróntegui

Viernes, 14 de Julio del 2017. 5:21:12 pm

Letra más grande

No es motivo de preocupación el deber dinero, que se inquiete al que se lo debo.

Por este motivo, no voy a dejar en dormir bien. Bueno hay unos cuantos que no pueden dormir sus mínimas ocho horas diarias y se la pasan despiertos renegando, pero eso es un problema particular al que llaman alteración del sueño.- En lo particular no me preocupa, solo es poner la cabeza en la almohada y ni el ruido de una locomotora me despierta. No es porque no tenga preocupaciones o que la vida me sea tan placentera pero no sufro esa extraña enfermedad.

Lo bueno es que todo tiene solución ¿Debo? ¡No niego!, ¿Pago?, ¡No tengo! Hay persona que ni dormidas dejan sus miedos.- Hablar, otras caminan dormidas, las que roncan o las que se están despertando a cada rato, bueno no todas son alteraciones por miedo pero si se hace necesario un control con su respectivo diagnóstico, antes en que la vecina le empiece en dar recetas.

El camino para la maduración es largo, plagado de mentiras, hipocresías, vanidades, egocentrismos, sentirnos soñados, únicos, insustituibles. Nos van llegando los frentazos y miramos desconcertados tratando encontrar el ¿Por qué a mí? Nos juntamos preferentemente con personas que piensen y actúen como nosotros o sean fácilmente manipulables hacia nuestra opinión: La verdad es que nos creemos grandes, sin darnos cuenta en lo pequeño que somos. De niños nos enferman: Los miedos llegan en diferente manera por ejemplo se nos dice que en la oscuridad vive un demonio que nos llevara y terminamos durmiendo con la luz encendida.

Tengo presente aquella noche de navidad: Ese día llegue temprano a dormir, mi madre me había dicho que a los niños que duermen temprano les trae juguetes Santa Claus. No podía pegar el ojo pensando ¿Y, si no viene?, pasaron las horas y empecé a escuchar ruidos en la sala. En silencio me acerque a la luz de la escalera y vi a mi padre acomodando los juguetes en el árbol. Han pasado los años ya no creo en eso. Mi madre me hizo creer que si ponía el diente debajo de la almohada un ratón me dejaría dinero.-"Los años me dejaron molacho".

Pretendiendo asustarme y no anduviera en la calle, decía que por los callejones en la noche oscura los espíritus deambulaban para llevarse a los niños. Les cuento que mucha gente aún cree esas cosas "Los aparecidos" Los fantasmas envueltos en una sábana blanca quienes salen por la noche en busca de llevarse a quien ande solo en la oscuridad. Nos hacen temer con el cuento de que si se cruza por delante un gato negro, es señal de mala suerte. Que si el martes, cae en trece es de mala suerte o, si los niños hacen travesuras se los llevara el coco. Claro que los niños se portan bien y si alguien va a traer algo para ellos que lo haga. Los niños viven felices pero sus astutos padres cada noche los asuntan para que temprano se metan a la cama, sin valorar el daño que causan.

Recuerdo que ya muy noche en ocasiones me levantaba a rascar los trastes en busca de comida y los ruidos de las ratas se dejaban escuchar al sentir mis pasos bajando la escalera. Me gustaba ordeñar una vaca en la mañana y meterle la mano en la boca al becerro para que me hiciera cosquillas mientras amamantaba. Me encantaba agarrar un trozo de tortilla y pasarla por el sartén de los frijoles guisados con manteca de cerdo saboreando.

Lamia los platos. Y no es que fuera glotón, pero me gustaba bajar al patio a media noche a contemplar la luna llena. Descendía de puntitas para que al pasar por el medio de la recamara de mis padres no me sintieran.

Las personas adultas, gustaban en meternos miedo al contar que los malos espíritus se paseaban en las noches por las calles oscuras, estrechas "Callejones".- Estaban ahí esperando a llevarse a los niños groseros.- Esa extraña forma en asustar sin embargo se lograba el objetivo.- Un día andando de excelente humor me convertí en uno de esos bromitas.- Me vestí con una sábana blanca y me pare en la ventana de la recamara de mi hermana Isabel, sacándole el susto de su vida (Poco falto para infartarse). Esto era común en el pueblo sobre todo les gustaba esconderse en la puerta del panteón y las personas que caían servían de risión al otro día por todo el pueblo con lo que paso esa noche soltando carcajadas de burla. Vale más estar preparado en estas sorpresas.

A los niños los padres inculcaban que no debías tener miedo y que para eso estaban las niñas. En el correr de los años seremos lo que éramos cuando niños y en muy reducidas cosas podremos considerar que somos únicos como nos lo hacen saber. La diferencia se marca con el esfuerzo para perfeccionar y eso es lo que hace esa diferencia.- En ese camino los unos caerán y unos pocos lo lograran. Es una máxima que hay que tener siempre presente "Todos lo intentan, pocos son los elegidos" y si caes, lo único por lo que debes preocuparte es de no quedarte en el suelo.

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