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Filosofía marismeña

Viento político

Ramón Larrañaga Torróntegui

Domingo, 21 de Enero del 2018. 5:15:28 pm

Letra más grande

No existe correlación entre lo que siente el común y la minoría privilegiada. Los sectores desprotegidos llevan años esperando en que los recursos tributarios aseguren mejor calidad de vida sin embargo el gobierno no invierte eficientemente. Las escuelas públicas están prácticamente deterioradas en todo el país, el sistema de justicia ha sido rebasado, la oportunidad laboral brilla por su ausencia. La administración pública llega a esta recta final devaluada. Un sexenio en el cual no se vislumbra mejora en el contexto macroeconómico, ni micro. La moneda no luce frente al dólar, la reforma fiscal sangra el bolsillo, los proyectos en general se miran irrealizables, la sociedad considera que el gobierno no cumplió en crecimiento, bajar la inflación y, para que eso ocurra es demasiado tarde.

Si, los últimos tres presidentes de México hubieran hecho bien su trabajo las bartolinas de las cárceles estuvieran atestadas de los que ahora van a la reelección, por lo que hay que recapacitar que estos 18 años no sirvieron para contener la corrupción. Lo peor es que dichos políticos generacionales se mantienen vivos con todos los dimes y diretes, sus secretos, estafas, dislates.

Si, analizamos a los tres principales precandidatos, las posibilidades en que esto cambie de rumbo o mejore se reducen a cero. Dos de ellos, PRI, PAN, crecidos en la alabanza, adulaciones por eso están a donde han llegado. Vienen del mismo cause etiquetados de los sin ideología y con intereses económicos detrás. Fueron arropados, escondidos en torno al statu quo de su élite, es la que los destapa, descubre sus cualidades, desnuda al contrario, desespera al fondo monetario internacional, obliga al presidente a defenderlo, hace sacar el buen humor, ingenio, alegría, recurso comunicativo de López Obrador, multiplicando sus seguidores para que marche seguro por el sendero deseado.

Hasta donde logro entender el problema de legitimización que tiene el candidato del PRI, Meade a la presidencia va más allá de una simple postura discursiva en los medios, lo cual no creo pueda resolver mientras no se pongan de acuerdo los militantes de ese partido y los nuevos dueños. Los cuales requieren fogueo político, manejo en el arte de juntar en una causa común. El aspecto para la campaña de Meade, es un caso perdido atrapado entre una minoría apasionada y una sociedad lastimada.

Los desafíos del gobierno no se ven revertibles a corto plazo, la base del proyecto de nación se tambalea por la mala inversión, aumento en los consumos, dinero ilegitimo en el bolsillo de administradores públicos.- Al final, el más perjudicado es Meade, al presentarse con menor defensa o defensa pragmática, ilusoria al ser parte responsable de ese espejo llamado discurso alentador con la esperanza de quien padece el mal deje en lamentarse y lo mire como una opción.
Un tanto inesperado se vio la llegada al rescate de Javier Lozano. Naturalmente que este personaje a levantado discusiones entre otro tipo de cosas por el rechazo que el candidato mismo hace de la militancia y esto es una de tantas cosas raras que están sucediendo y sirven de pretexto para que los militantes del PRI se estén convenciendo que la opción puede ser encontrada en Ricardo Anaya o en Andrés Manuel López Obrador.

Visto en esta forma, no se descarta de lo anterior descrito por llegar al límite de la tolerancia Priista. El espejo de Labastida y Madrazo se hace presente, los cuales no lograron ser consumidos por sus militantes por más dinero que gastaron, si bien es cierto la oferta monetaria tiene seguidores al final del día no es determinante. Supongamos que el PRI pierde la presidencia y saca senadurías y legisladores, tendría que encarar una agenda plagada de reformas inconclusas con un ejecutivo de otro partido. El resultado sería desgastante, decepcionante, indignante al convertirse en dique que impide avanzar.

Si gana el enigmático estigmatizado como ruso: López Obrador, los males en el menor de los casos es considerarlo un populista por sus adversarios a manera de descalificación. Anaya representa las aguas con todas las variantes que sobrevuelan a su alrededor, pero también genera duda en ciertos segmentos que no olvidan el gabinete de Fox, y Calderón. Por lo pronto es López Obrador quien disfruta de las simpatía de los votantes por ello el presidente Peña en su conjunto pretenden tirarlo por la borda mediante una masiva intervención del estado. Tiros de precisión van y vienen pero las flechas son esquivadas.

La falta de credibilidad del gobierno, los ajustes leoninos fiscales son lo opuesto al discurso de Meade por eso Anaya y López Obrador consideran no hubo disposición para crecer y el virtuoso Meade tenía responsabilidad. Millones de dólares se fueron al hoyo negro de bolsas familiares, explotaciones de recursos naturales mismo que pudieron fortalecer la economía familiar. El gasto familiar aumento y el sueldo se estanco empeorando la situación.

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Comentarios

Mv

2018-01-22 15:46:08

No más PRIAN, como dice la nota, preferible jugárnosla con el PEJE,

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