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Con Precaución

El daño que se revierte

Por Sergio Mejía Cano

Jueves, 1 de Marzo del 2018. 8:30:56 pm

Letra más grande

A mediados de los años 60 del siglo pasado, hubo un muchacho en la colonia del Fresno en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, que era muy vago, tenía la costumbre de hacer destrozos en lo que se le pusiera enfrente.

Vivía en una vecindad cercana al mercado de dicha colonia en donde por la calle Fresno casi esquina con la calle de la vecindad había dos teléfonos públicos a los que se les tenía que depositar una moneda de 20 centavos de cobre.

En una de sus vagancias, este chico destrozó ambos teléfonos y no faltó quien lo viera haciendo este daño, pues a uno de los teléfonos les desenroscó el auricular y el emisor quitándoles lo que tenían en su interior y al otro teléfono le arrancó el cable del auricular, y quien lo miró haciendo el daño comentó después que se había alejado riendo estrepitosamente como si hubiese hecho un bien y no una maldad.

Sin embargo, cierta noche la mamá de este muchacho estaba por parir y se ocupaba llamar una ambulancia, y como este chico era el mayor de sus otros tres hermanos y el quinto por nacer, lo mandaron a solicitar por teléfono una ambulancia.

En ese tiempo casi nadie teníamos teléfono en casa, si acaso una que otra tienda o negocio que cobraban 50 centavos por llamada, pero como ya pasaba de las diez de la noche, todo estaba cerrado.

El casi niño andaba desesperado y no faltó quien de los vecinos le dijera que fuera a llamar de los teléfonos que él mismo había destrozado y alguien más le llamó la atención de que viera y supiera que esos teléfonos a todo mundo le hacían falta y que si él había creído que a él no, ahí tenía la respuesta.

Lo anterior viene a colación debido a que hace algunos años un comerciante conocido, me comentó que tenía que ir a Zacatecas a un mandado, pero que el viaje tenía que ser muy largo porque tenía que rodear hasta Guadalajara y de ahí agarrar la carretera a Saltillo o la nueva ruta que va a Colotlán, y al decirle un servidor que por qué no se iba por la carretera Ruiz-Zacatecas, respondió que ni que estuviera loco, porque era una carretera muy peligrosa, muy solitaria y que los asaltos en esa carretera eran muy comunes, que ni siquiera los camiones repartidores de equis mercancía se atrevían a ir ya por esos lares.

Aclaró que a él no le había ocurrido nada cuando había tenido que ir a algún lugar por esa carretera, pero que no había traspasado la frontera nayarita porque se regresaba de inmediato y antes de que oscureciera, y todo porque ya le habían advertido de que en esa carretera había bandas de rateros que asaltaban a mucha gente, sobre todo a los comerciantes.

Y ya hace tiempo que no se dice nada, pero hubo una época en que seguido se documentaba que varios repartidores de diversas mercancías habían sido asaltados en caminos serranos por lo que ya muchos de ellos se negaban a seguir la ruta de andar surtiendo las rancherías serranas o de poblados muy adentrados a lugares casi inhóspitos.

Esto desde luego se relaciona a algo similar a lo que hizo aquél muchacho de la colonia del Fresno en Guanatos, porque se supone que los que asaltan o asaltaban a los repartidores tendrían que ser lugareños que, con su actitud de robar a los repartidores dejaban a los pobladores de esos apartados lugares sin las mercancías que llevaban a vender.

Así que se entiende que a esos lugares no llegaba leche, azúcar, refrescos, frituras de todo tipo, pan industrializado, etcétera. Sin embargo, lo raro según comentó cierta vez alguien, que en esos lugares serranos bien podría faltar agua, pero el mentado refresco de cola nunca falta, así sea en un poblado de lo más alejado de alguna población más o menos poblada. Así que de ser lugareños de esos apartados lugares quienes asaltaban a los vehículos de mercancías no nada más privaban a sus paisanos de esas mercancías, sino hasta ellos mismos, los ladrones, no podían disfrutar de lo que no dejaban llegar al asaltar los camiones repartidores.

Ya hace tiempo que no se oye hablar de la carretera Ruiz-Zacatecas, si ya se concluyó o no o si aún le falta un tramo por concluir. Lo que sí se escucha continuamente es que casi nadie la utiliza esa carretera tal vez por desconocimiento o porque sigue siendo peligrosa o porque todavía no está concluida o simple y sencillamente porque nadie habla de ella o le da un tipo de promoción para utilizarla.

Pero en todo caso, se le debe de dar promoción a dicha carretera porque las vías transversales son óptimas para viajar de occidente a oriente sin tener que rodear más de lo necesario.

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