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Filosofía Marismeña

Daño psicológico

Por Ramón Larrañaga Torróntegui

Miércoles, 24 de Abril del 2019. 12:35:30 pm

Letra más grande

El deseo por poseer cosas superfluas se opone a una franca sensibilidad social, se compra y consume para dar la apariencia de una familia feliz, solvente, un estilo de vida envidiable. Ello desencadena otro tipo de problemas a la sociedad en general al convertirse sus desechos en una falla potencial que lleva a la muerte del entorno. La sociedad funciona muy mal al asociar su felicidad con alto consumo y satisfacer en lo inmediato el deseo despertado en la envidia de las amistades. Mal funciona la familia, la escuela cuando se nos enseña a envidiar a desencadenar esos demonios del tipo exitoso por contar con dinero sin dar atención al ¿de dónde? los obtuvo. La mercadotecnia psicológica se enfoca a desatar deseos para satisfacer consumo inmediato. La necesidad se manipula, se generan nuevas codicias empujando al consumismo, impulsándolas a que no se sienta satisfecha jamás la persona, sino va comprando eso que en la mayoría de las ocasiones no es prioritario.

La industrialización trajo progreso, la tecnología y a la vez consecuencias negativas, los economistas tradujeron el progreso con el uso indiscriminado de recursos naturales dejando de lado la ignorancia, desigualdad, incertidumbre en el futuro de las personas expulsadas del lugar en donde se localiza la fuente proveedora de recursos. Desterradas y limitadas, es la economía seguida por el estado en los últimos 50 años. Se aplicó la lógica económica de que todo lo que produzca riqueza debe ser explotado sin importar los daños que ocasione, un espejismo que trae consecuencias de vida/muerte, ante la intensa actividad presentada en la contaminación del medio ambiente.

Cualitativamente es devastador pero para los economistas es progreso, contribuye al desarrollo de su riqueza. Se abusa de los recursos no renovables, se degrada la tierra, ríos, lagunas, medio ambiente, atmosfera, genoma, se deteriora la vida y su actividad continua siendo intensa gracias al apoyo que recibe de la autoridad.

Se ha confundido crecimiento en razón de calidad de vida. El daño al ambiente supera los beneficios aclamados por lo que políticamente es incorrecto, no viable y una falacia sobre crecimiento sustentable. Se afecta el recurso, se destroza el entorno, las condiciones de vida para las próximas generaciones se vislumbran en un mal panorama. Cabría preguntarse ¿El estado es dueño absoluto de la riqueza natural? O, lo es la sociedad que busca satisfacción de sus necesidades, aprovechamiento del medio ambiente para mejor calidad de vida ¿Sentido común? ¿Razonamiento lógico? El ritmo que se le ha imprimido en los últimos 50 años excede a la capacidad de recuperación, asimilación del daño por lo que los residuos negativos serán en lo inmediato la deslealtad con la que se comportaron estos gobernantes sin ética, moral en materia de cuidado del medio ambiente.

La vida y el análisis se vuelve contradictorio cuando se razona sobre el consumismo desmedido, no se logra entender las causas que lo originan, la realidad es que está presente, psicológicamente lo han hecho imprescindible sin que se cuantifique el final de los productos consumibles en materia de vida, subsistencia, alteración biológica. Lo que importa es lo que el vecino piensa del estilo de vida, lo que lo diferencia al uno del otro para llevar la relación social deseada. El flujo en consumo es constante, funcional para dar una imagen en la relación social en ese patrón de comportamiento donde resulta crucial el comprar tal bien, extenderlo a la familia, dar esa imagen de solvencia en la sociedad del consumidor inducido, manipulado por la mercadotecnia psicológica para que en ese sentido se sienta seguro, en términos exitosos. La mercadotecnia le ordena, la masa lo desea y piensa que es indispensable, la mercadotecnia vuelve al ataque y, lo produce, al tiempo vence la resistencia. La sociedad lo consume y da gracias por contar entre sus pertenencias ese producto. Entre sus amistades presume disfrutarlo, lo exhibe para envidia de otros, lo relaciona con estatus social. Cuando su compra se vuelve popular (Estandarizada), la mercadotecnia le produce uno nuevo para conseguir que la tendencia se incline de nuevo al consumo y a la subordinación mental.

El disfrute de bienes desechables en una sociedad consumista se convierte en la expectativa en tiempo de espera para la novedad que nuevamente lo lleve a sentirse seguro entre sus amistades comprando la necesidad creada para estar a la moda con la posesión a la que tienen acceso por su capacidad económica, sin importar la durabilidad del producto o al desecharlo el camino que siga, se trata de disfrutar que las amistades envidien.

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