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Filosofía marismeña

Locuras

Ramón Antonio Larrañaga Torróntegui

Martes, 19 de Noviembre del 2019. 10:16:00 pm

Letra más grande

En la vida las locuras son necesarias, sobre todo cuando en ellas se refleja la pasión expulsada desde la azotea cerebral que motiva la idea y se apodera de la voluntad para salir con entusiasmo identificando el idealismo de un espíritu quijotesco.

Muchos pensaran que adentrarte en ideas profundas externando los secretos guardados es una locura innecesaria pero al final del día algunos se sentirán identificados. La libertad es el símbolo que encarna la metáfora más allá del miedo a la escapatoria en forma de huida silenciosa. Redactar lo aprendido en la vida no está exento de salir ileso, de ese temor a que el lector exterior juzgue, tome lo que cree necesario o dilucidar los encantos de un callejón sin salida por donde se huye después de exponerse.

Un niño pequeño, es el que corre por las páginas en blanco y se detiene a mirar su juventud, madurez con esa actitud inevitable de aceptación en ser el ¿Cómo es?

Dando cuenta clara de ello y pagando lo que no quiere negar para seguir hasta el final de sus días en la vida que lo formo. En la madurez respondo con la fuerza adquirida en la circularidad con la que sus eventos se fueron presentando hasta el final de su historia en la caída de su propia personalidad, dando su punto de vista. Narro la historia desde un pueblo al que nunca deje fuera de mi vida, y al que nunca dude en regresar porque la historia de mi vida nació allí, mis primeras palabras emitidas, la voz, enseñanza, la manera en mirar la realidad. Ello me llevo por caminos más del tiempo suficiente para entenderme, juzgarme, recordar el pasado, preguntarme, responderme.

Salí, del vientre de mi madre sin saber absolutamente nada de la situación que el mundo y la vida me deparaban. Intente entender los hechos a través de la cadena de conflictos, errores, aciertos, las decisiones que tomaba y por azares del destino me llevaron a esta situación para redactar a mi manera lo que me interesa escribir.

Creo que cada uno tenemos nuestra historia sobre lo que nos ocurrió para llegar aquí, unos intentamos analizar el desarrollo de las cosas que nos pasaron para ser de la vida nuestra vital esencia.- Nosotros mismos.- En cierto momentos dimos pasos en falso, otros sobre tierra firme convirtiendo los errores en experiencias que nos fortalecieron para luchar contra las amenazas que nos vienen desde dentro como es la construcción de nuestro propio personaje en vida.

El mayor peso psicológico es la esencia formada para protagonizar la trinchera espiritual de ese personaje que nació de un padre, una madre, un niño refugiado en sus brazos, tapándose con miedo en las noches al despertar y sentirse solo. Un misterio es lo que significa la vida, todos los que llegamos a la madurez, venimos con traumas de los que nunca hablaremos y de algún modo es nuestro mayor secreto. Arribamos con la idea de incomprendidos, con el miedo a flor de piel, que es la respuesta natural del ser humano. Tememos lo desconocido, nos da miedo, por eso lo rechazamos.

La solución contraria sería la compasión y la empatía, pero el temor, es natural y, casi siempre es irracional.

A lo largo de mis escritos he analizado y explorado sobre el papel de la mujer y la enseñanza patriarcal que recibimos, son temas que siempre me han interesado porque con ellos afirmo más allá de mi experiencia pueblerina en donde las mujeres no podían ser autoras de sus formas en pensar, estaban condenadas a lo que sus padres les expusieran en lo que era correcto o no, sin tener esa libertad para escribir su propia historia.

No es para menos el avance que en esta materia se ha logrado, muchas son tratadas en igualdad de circunstancias sin tener en cuenta el sexo y su condición intelectual para exponer va en aumento reproduciendo lo que desean. No se trata de feminismo ni de equidad de género sino igualdad humana para que desde esta tesitura tanto hombres como mujeres superen la mediocridad.

Años han trascurrido para que la mujer trascienda o se acerque a producir lo que realmente es. La inteligencia no es propiedad de sexo. Ser mujer no se refiere a cuerpo hermoso, amortiguador de los dolores sentimentales, las heridas del alma.

Ser mujer es poseer un cerebro capaz de generar ideas que supuestamente anterior pertenecían al género masculino de allí, que aprendieron a ser víctimas permanentes de lo que ellas decidían hablar y lo fueron convirtiendo en amarillismo sobre acoso sexual ante la incapacidad de pintar el cuento feliz de su incrustación en la vida laboral. La mujer dejo en estar encerrada en su casa por lo que no debe padecer la histeria antigua de ese encierro.

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Comentarios

Emilliano

2019-11-24 15:54:21

Muy interesante su participación y reflexiones profesor, corresponde a nuestro género celebrar la cada vez más creciente emancipación y empoderamiento de nuestras siempre muy valiosas mujeres.

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