
M.C. Ramón Larrañaga Torróntegui
Como digo: Escribo porque las neuronas me vuelven loco si no las mantengo ocupadas y esto puede ser el elixir que ellas reclaman para que no se me olviden las cosas, solo pido que no me abandonen o se desgasten, pero también me alimento de las múltiples platicas con diferentes personas, con sus ocurrencias, excesos, venenos y los míos. Trato en encontrarme, en tener más despierto el intelecto para sentirlo liberado de pensamientos absurdos para sentirme digno en mi quehacer.
No culpes a nadie de lo que viviste, mucho más si fue una relación de pareja, asunto que es de dos, y requiere de constante esfuerzo mutuo y sobre todo buena comunicación. Lee mucho, medita y analízate siempre para reconocer todo aquello que necesitas cambiar para mejorar. Si no lo decides las frustraciones y el sufrimiento te acompañarán siempre y no porque Dios te abandonó sino porque tú te abandonaste a ti mismo y tu fe es frágil o ausente.
Recuerda que la juventud es corta y la vejez larga, no pierdas el tiempo en sufrir inútilmente, deja de llorar por seres que no valen la pena o que valía la pena y lo dejaste marchar, deja que esos pasajes de tu vida sean los que más te enseñaron y ahora embellezcan tu alma, y cuando te sientas seguro de ello, convierte esos recuerdos en un agradable recuerdo, y, si es malo déjalo pasar rápidamente, que pase por tu mente sin que te dañe más, sin robarte la capacidad de dar nuevamente.
Cuando la edad nos alcanza, nos regresa a los recuerdos en diferentes situaciones de la vida. Hace unos días un amigo me contaba que su relación sentimental había fracasado que desde entonces solo buscaba saber si su ex esposa andaba ya con otro. Cuando se enteró que así había ocurrido, despotricaba en contra de ella y su acción. Luego supe que decidió averiguar quién era el tipo nuevo a pesar de que su relación (Divorcio) llevaba tres años. No acepta que ella rehaga su vida, en el fondo prefiere verla sola, derrotada llorando por él (Morbo, placer, enfermo), como él, que ella no logré olvidarlo, ella no lo amé ya, pero exige se le recuerde con dolor por el perderlo. Este tipo de ejemplo real es muy común, lo he escuchado mucho y me doy cuenta de que el ego, la soberbia y la baja autoestima, así como el egoísmo anidan en las almas que no aceptan que algo se cerró y se acabó. Muchos dejaron de amar, pero son como el perro bravo No comen, ni dejan comer.
La frase lapidaria emite Te estás haciendo viejo y por eso olvidas las cosas todos nosotros, independientemente de la edad, sufrimos olvidos. Si lo duda, pregúntele a cualquier persona y me dará la razón en esta cuestión y sobre todo en momentos de examen escolar que en la mayoría de las ocasiones nos vemos sometidos al estrés de aprobar. Pero fuera de este tipo de situaciones en las que los nervios nos pueden jugar una mala pasada, sin duda los problemas de memoria más importantes son los que aparecen a edades más avanzadas.
Muchas veces, los olvidos que sufren las personas mayores no son más que la expresión de un trastorno propio de la edad, pero en otros casos pueden anunciar la existencia de afecciones más importantes, como la enfermedad de Alzheimer. La mayoría nos dice que empezamos olvidando en cerrar en cierre del pantalón o en donde dejamos las llaves de la casa. En general, existen diversas formas de memoria: la memoria a corto plazo (recordar lo que le ocurrió, hace pocos minutos), la reciente (el problema que tuvo esta mañana) y la remota, que es la que se conserva desde hace mucho tiempo (por ejemplo, la letra de alguna canción que le cantaba su abuela en la infancia o el nombre de su amiga o perro consentido). Toda esa información, más reciente o más alejada en el tiempo, es almacenada de manera particular en el cerebro.
Con el envejecimiento, las células cerebrales comienzan a perderse. A decir verdad, este proceso se inicia mucho antes pero de manera muy, pero muy progresiva, por lo cual difícilmente nos percatemos de este hecho. Otro proceso que surge con la edad es la reducción de las sustancias químicas que se denominan neurotransmisores, que son las encargadas de transmitir la información de un sitio a otro del cerebro y del resto del sistema nervioso central.
De esta forma, con el correr de los años, el modo en el que el cerebro almacena información puede modificarse, lo cual explica este suceso. Es posible que no recuerde donde dejó las llaves que hasta hace unos minutos sostenía en sus manos, pero pueda recordar la fecha del cumpleaños de su amiga de la infancia o la del acontecimiento en donde usted estuvo hace muchos años. Estos son cambios normales, que se presentan en las personas mayores. Para que no olvide en donde están sus llaves, póngalas siempre en un solo lugar, vaya haciendo una lista de las cosas que ocupe en su hogar antes de salir a comprar.
Anote en una libreta los pendientes, sus compromisos. Al conocer a nuevas personas, trate de recordar los nombres mencionándolos reiteradamente en la misma conversación. Repito: Hay que colocar las cosas más importantes o imprescindibles (llaves, documentos, dinero) siempre en el mismo lugar de su casa o su cartera y no se preocupe recuerde que es mejor la más pálida tinta a la más brillante memoria.
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